Romel Quiñónez se despide del fútbol profesional tras una destacada carrera marcada por la Libertadores
La carrera de Romel Quiñónez, en sus inicios, prometía redefinir el panorama del arco boliviano. Sus reflejos ágiles, la seguridad que transmitía bajo los tres palos y una madurez inusual para su edad lo proyectaban hacia un futuro estelar. No obstante, su trayectoria tomó un giro imprevisto, marcada por recurrentes dolencias físicas y dificultades para mantener su peso ideal, lo que lo apartó progresivamente del ámbito futbolístico profesional.
Nacido el 25 de junio de 1992 en San José de Chiquitos, Quiñónez forjó sus habilidades en la reconocida academia Ramón Tahuichi Aguilera. Con apenas diecisiete años, hizo su debut con el Club Bolívar, donde rápidamente se consolidó. Escaló posiciones dentro del plantel hasta convertirse en el guardameta titular indiscutible y una pieza fundamental para el equipo paceño.
Su momento de mayor esplendor llegó en 2014, cuando Bolívar alcanzó las semifinales de la Copa Libertadores. Quiñónez fue un protagonista clave en varios encuentros de aquella memorable campaña. Su nombre comenzó a sonar en el radar de clubes internacionales, pero optó por permanecer en La Paz, donde su rendimiento era sinónimo de éxito. Para la afición celeste, trascendía la figura de un simple arquero; era un verdadero emblema.
Su vínculo con la Academia paceña se extendió en dos etapas: la primera de 2010 a 2017, y un breve retorno en 2018. A lo largo de estos periodos, disputó un total de 160 partidos con la camiseta de Bolívar, destacándose como uno de los porteros más consistentes de esa década. En contraste, su paso por Oriente Petrolero resultó menos estable. Jugó en calidad de cedido entre 2016 y 2017, y regresó al club entre 2019 y 2020, aunque para entonces ya arrastraba diversas afecciones físicas que mermaron su desempeño.
En 2021, el Club Blooming le ofreció una oportunidad, a instancias del entonces técnico Eduardo Villegas. Sin embargo, Quiñónez no logró recuperar su forma física ni debutar oficialmente con el equipo. Tras unos pocos meses de entrenamiento, se desvinculó del club. Aquella fue su última conexión con el fútbol profesional. A partir de entonces, su figura se desvaneció del escenario sin anuncio ni despedida.
En el ámbito de la selección nacional, también dejó una marca significativa. Fue convocado por primera vez en 2013 por Xavier Azkargorta y acumuló quince partidos con la Verde, sumando 1.350 minutos en cancha. Su logro más destacado con el combinado boliviano fue en la Copa América Chile 2015, donde fue titular y una de las figuras, contribuyendo a que Bolivia alcanzara los cuartos de final bajo la dirección técnica de Mauricio Soria. En 2016, volvió a ser llamado, aunque no tuvo participación en los encuentros.
Posteriormente, sobrevino un prolongado silencio. Romel se alejó de los focos mediáticos y de los campos de juego. Si bien muchos lo consideraban retirado, no existía una confirmación oficial. Esta incertidumbre se disipó en marzo de 2024, cuando reapareció públicamente en el partido de despedida de William Ferreira, un encuentro que reunió al histórico equipo de Bolívar que alcanzó las semifinales de la Libertadores.
En aquella ocasión, volvió a calzarse los guantes. Ingresó al campo con una evidente falta de condición física, pero con la pasión intacta. Demostró su espíritu al ejecutar una espectacular atajada, rememorando sus mejores épocas. No obstante, al caer, su rodilla cedió: sufrió una nueva lesión y tuvo que ser retirado en camilla, ovacionado por un estadio colmado de recuerdos.
Esa imagen resultó tan conmovedora como melancólica. El último gesto técnico de un arquero que parecía predestinado a una carrera inmensa culminó en una nueva lesión. Fue la última vez que se le vio en acción. Desde entonces, no ha vuelto a vincularse profesionalmente con el fútbol. A sus treinta y tres años, un retorno a las canchas parece una quimera, y su legado se inscribe entre el fulgor de un talento efímero y la profunda nostalgia.
Romel Quiñónez representó un talento formidable que, lamentablemente, se vio truncado prematuramente. Permanecen en la memoria sus atajadas, sus tardes de gloria y aquel postrero esfuerzo en un partido tan simbólico. Aunque no tuvo la despedida soñada, su huella perdura en la mente de quienes lo vieron volar bajo los tres palos, como si el cielo mismo no tuviera límites





